MAESTROS DEL FUEGO QUE QUEMA LAS OFRENDAS.


Preparas una ofrenda preciosa, todo en su lugar: los k'intus de coca, los dulces, el incienso y las flores, todo brillante de sami y de intenciòn. Haz puesto tu cariño y fuerza, tu esperanza y agradecimiento, ofrendando a los espíritus, la tierra donde vives, las montañas y los ancestros. Haces tu oración, cierras el recado, y te acercas al fuego que has preparado para su quema. Entregas la ofrenda con su cabeza mirando a las llamas, la colocas cuidadosamente para que se consuma, lo observas un rato y luego lo dejas. Pero al regresar te llevas la sorpresa de que no se ha consumido toda la ofrenda, o solo se ha consumido una parte.


A muchos nos puede haber pasado esto, y para los practicantes de las formas andinas puede ser muy frustrante. ¿Acaso los espíritus no están recibiendo mi ofrenda?


En la altura de las montañas es aún más desafiante encender un fuego. Si corre mucho viento cualquier llama que asomes se despeina rápidamente; la menor cantidad de oxígeno hace que prenda un poco menos; y en ciertas épocas la lluvia siempre amenaza con mojarlo todo. Por eso se busca un buen recodo en la roca, se le arma una wasicha (casita), y se ayuda con bosta seca.

Del fuego se nos ha privado un poco. Sí, lo tenemos disponible en nuestras cocinas con tan solo girar una perilla, pero muchos hemos olvidado cómo tratarlo como elemento y vida, al prepararlo, al asistirlo cuando se pone débil, o al domarlo cuando se pone bravo.


De donde yo vengo el trato al fuego se aprende en la cocina de la carne a la parrilla. Allí el asado, comida generalmente dominical, es un momento compartido en familia pero también un arte ceremonial de selección de los cortes y de relación con el fuego. Todo buen asador sabe que el éxito de su comida depende mucho de cuidar la intensidad del calor de su brasa y de tenerle paciencia a la cocción. "No lo apures que sino se te arrebata" te enseñan.


Y como en el asador, a la hora de hacer una ofrenda andina la quema es en sí misma una ofrenda. Todo es importante: el lugar donde la haces, la madera que eliges, la geometría de la estructura que armas, el tipo de combustible que uses o no para animar la llama.

La calidad con la que tratas a ese fuego está puesta en tus manos, en tu voz, en tu soplido y en tu presencia.


En una ocasión un maestro me decía: "Cuando mires hacia las nubes mira sus formas, ellas están vivas, mira hacia donde se las lleva el viento y como hace que bailen, si desaparecen estate atento a donde vuelven a aparecer, cantales, porque ellas te están escuchando y también te hablan a tí".


Con el fuego es igual, si le prestas atención te habla. Los paqos saben si la ofrenda está siendo recibida por los espíritus porque el fuego empieza a sonar, hace crujir la madera y los elementos dentro de la ofrenda, cada uno habla diferente, así liberando su sami, alimentando a la tierra. Y por eso te dicen: "Uyarikuy" escucha "Apukuna mikhushanku" los apus están comiendo.

Cuando el fuego come, se alimenta de lo que has puesto en tu ofrenda. Y por lo tanto es como si te supiera, te viera por quien realmente eres, y en muchos casos lograra espejar tu sentir. Si te aproximas con miedos, puede que te queme un poco; si lo haces con grandes dudas, puede que no levante la llama.


Cuando empecé en el camino andino, a veces los maestros me pedían que hiciera un fuego, o para calentarnos, o para quemar un despacho, o para limpiar nuestras huchas, y siempre estaban atentos a cómo lo hacía. En ocasiones me costaba mucho, se me moría, luchaba para que creciera, me quemaba las pestañas, me frustraba y terco volvía a empezar de la misma manera. Hasta que la mano generosa del maestro me ayudaba y mostraba.

Lo que me había llevado un tiempo entender (y no sólo a nivel intelectual) era que el fuego que está allí afuera, es el que está dentro también. En mi vida ponía mucho calor al iniciar un proyecto, una relación, una vocación, pero luego ese calor se consumía rápido, y cuando precisaba de la llama nuevamente para darle calor a mis acciones y a mis relaciones, pues ya no estaba allí.