¿QUÉ ES UN ALTOMISSAYOQ? (No todo lo que brilla es un altomissayoq)



De apariencia sumamente humilde, Don Martín Quispe casi no hablaba español y escondía su mirada tras un sombrero de fedora que llevaba puesto. Era la primera vez que le encontrábamos y estábamos ansiosos por conocer a un altomissayoq, pero a simple vista no tenía el porte que hubiéramos imaginado de alguien con su poder. Podríamos haber pasado a su lado en la calle, con todas nuestras antenas encendidas, y quizás no lo hubiéramos percibido. Cuando llegamos a la wak’a de Illapata en Cusco, y rodeados de esas piedras tan veneradas, fue que Don Martín arrodillado con su mesa de trabajo desplegada en frente y k’intu de coca en sus manos, comenzó a rezarle a la tierra y a los Apus.

Y como sí alguien hubiera encendido una tecla, el hombrecillo creció en tamaño. Su voz corría como el viento, era profunda y firme, incisiva. La energía del lugar había mutado de un momento al otro, y a fuerza de palabra nuestros corazones iban calentándose y abriéndose, sin que pudiéramos evitarlo. Presentes en aquella burbuja era evidente que algo grande estaba sucediendo y a partir de ese día caminamos junto a Don Martín en diferentes montañas, recibimos decenas de sus iniciaciones, nos reímos en quechua, fuimos testigos el cariño de su vocación, y también aquello que no puede ser del todo explicado, su lloq’e.


Escribo estas líneas para compartirles mi impresión sobre los altomissayoq, que es personal, y tiene que ver también con el conocimiento que me ha sido confiado hasta ahora. Hay muchas cosas que aún ignoro, pero a raíz de ver varias publicaciones sobre el tema en las redes, consideré hacer mi aporte y comienzo con una pequeña confesión.


Cuando llegué a Cusco por primera vez hace unos cuantos años, esto del altomissayoq me llamaba la atención. Como a muchos de los aprendices de esa generación sonaba a un cargo de poder, un nivel de consciencia al alcance de muchos, y en casos un trofeo por haber conectado con los Apus. El altomissayoq era el que hablaba con los espíritus de las montañas y compartía su mensaje, el que oficiaba de canal entre dimensiones a los fines de sanar a los otros. Para los canalizadores que veniamos de la ciudad, y las artes esotéricas de occidente, esto sonaba muy familiar, y por de reafirmarnos en el camino andino, traspolábamos varias nociones de otras enseñanzas en un primer afán de “convertirnos” en altomissayoq.


En mi caso esta ilusión no duró mucho, mis primeros trabajos con Doña Maria Apaza y Don Martín, disiparon esas nubes, y a lo largo de los años fui entendiendo un poco más sobre su papel, su camino y su origen, tan diferentes al mío.

Juan Nuñez nos los compartió allí por el inicio: un altomissayoq era el portador de la “Missa” la señal de la conexión sagrada con las energías de lo Alto. Españolizado, era quien llevaba la “mesa” de lo alto, no solo en sentido literal, sino mesa como capacidad de abrir un espacio de trabajo con ciertas energías. Era el “Apu rimachiq” quien hacía hablar a los Apus, en ese mismo espacio, convocándoles con un propósito en particular para ayudar a alguien, o a una comunidad.

Al comienzo veía esto como un poder que ellos ejercían a voluntad propia, como esa “tecla” que hacía que Don Martín oficiara de maestro sanador. Pero con el tiempo se hizo claro que era más que esto, desde la perspectiva andina los altomissayoq eran servidores de los Apus, y eran estos quienes ejercían su poder y voluntad a través de los elegidos humanos. Aclarando un poco más, te comparto los siguientes puntos:


1) Lo primero es entender que no se es altomissayoq de la noche a la mañana. O porque un maestro me ha dicho que ahora soy altomissayoq ya es así. Este es un camino iniciación, de formación y de servicio.


2) Al principio, uno no “elige” ser altomissayoq, sino que es convocado por las fuerzas de los Apus. En la mayoría de los casos implica haber sido golpeado por el rayo 3 veces (no una ni dos, tres), en un evento fortuito, para nada placentero. Esto deja en claro la voluntad de los Apus y es confirmado por la comunidad: el elegido o elegida mueren, sus cuerpos son desintegrados y vueltos a integrar por el rayo, dejando a su lado una Missa (una piedra generalmente) como señal. La persona enferma de gravedad y por un tiempo debe guardarse. Don Martín nos comentaba que paso mucho tiempo en cama y que no podía salir de día porque la luz del sol le cegaba.

Tras este primer llamado, se inicia un camino de iniciación: personal y por parte de un maestro. El iniciado acude a las montañas de noche y allí se encuentra con sus espíritus y diferentes tipos de energías con las que debe lidiar, negociar, luchar. Esta no es la noche de la ciudad, o el campo, en lo alto de las montañas la noche es cruda, congelada y la energía muy fuerte, por lo que a este paso le temen varias personas o aspirantes en las comunidades. Asimismo comienza un aprendizaje que le forma en el arte de “ser altomissayoq” a través de Karpays formales con diferentes montañas, enseñanzas, trabajos, a lo largo de varios años y de una forma diferente a la de un “pampamissayoq”.


3) Es importante aclarar que luego de haber sido golpeados por el rayo, pueden elegir si seguir este camino o no. Para muchos “paqos” ser altomissayoq puede significar un camino costoso económicamente, o arduo para su salud y su familia. Con Yandy conocimos un par de paqos que fueron llamados por los Apus, pero decidieron no ser altomissayoq porque, si bien tendrían acceso a ese poder, su vida hubiera sido más corta.


4) El altomissayoq está al servicio de los Apus y de la comunidad. En algunos sitios de Ausangate se le conoce como el “Waynillu”, el servidor, que puede ser convocado a cualquier hora del día para cumplir con su tarea. “A veces en el medio de la noche te despiertan los Apus y te mandan a trabajar, a veces tienes que irte a un pueblo lejos, y tienes que hacerlo”, nos decía Don Martín.

Cuando nos acercamos a esta cosmovisión, los occidentales tendemos a verlo como un camino de desarrollo espiritual personal principalmente, para aumentar nuestro poder o elevar nuestra consciencia. En los Andes el altomissayoq esta para servir a su comunidad no como título personal de crecimiento o evolución, sino como una función social que cumplen. Y esto se refleja en que no necesariamente son “mejores” o más arriba en jerarquía que los “pampamissayoq”, sino que el tipo de trabajo y conexión es diferente.


5) Los altomissayoq pueden hacer la Mesa de lo Alto, esto es invocar manifestaciones efectivas de los espíritus. No es algo que se haga así porque sí, es una ceremonia tradicional, a puertas cerradas, en la que se trabajan sobre casos específicos. Desde los relatos cusqueños están los altomissayoq de verdad y los “falsos” que se hacen pasar por tales y montan espectáculos en cuartos cerrados.


6) Lo que me lleva a la siguiente aclaración, que si has llegado hasta este punto de la lectura podrás escuchar: que alguien te diga que es altomissayoq, no significa que lo sea. No me corresponde a mí señalar, pero sí estas en este camino de forma más seria, si te corresponde hacerte preguntas claras y sacar tus propias conclusiones. Los altomissayoq cuentan con el aval de su comunidad, (no solo su familia, y no solo foráneos que hayan trabajado con él o ella) sino su comunidad y potencialmente comunidades aledañas que han sido testigos de su proceso de iniciación, de formación y han recibido su servicio. Por ello si tienes una duda, investiga.


No sabemos cual es el criterio por el cual los apus eligen a los altomissayoq, hemos conocido algunos muy carismáticos, otros tímidos, unos del lado izquierdo, otros del lado derecho; cada uno con su forma o estilo diferente de sanación, todos ellos (hombres y mujeres) con una sutil y poderosa conexión con la energía de las montañas.


La mayoría no te dirá “soy altomissayoq”, a menos que les preguntes, harán su trabajo y yá.

Somos partidarios de ver una verdad desde sus diferentes ángulos, y si bien muchos de nosotros, o la mayoría, tenemos experiencias místicas con seres de otros planos, escuchamos voces, tenemos visiones, compartimos mensajes o sanaciones, lo cual es un maravilloso regalo en nuestro camino y para el mundo, el título de “altomissayoq” conlleva una tradición y por lo tanto un respeto.


Y como con todas las cosas que provienen de otras culturas, poder acercarse respetuosamente a como ellos lo practican, siempre nos regalará mucho más que solo poner el filtro de nuestras expectativas.


Bendiciones en tu camino…

Francisco Victoria.

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